domingo, 11 de agosto de 2013

Château Gouprie 2010.


Siempre me hace ilusión recibir las muestras que muchas bodegas me envían de modo desinteresado para proceder a su cata, y después a escribir en mi blog, todo lo que los diferentes vinos me expresan. Mi poco disimulada pasión por algunas denominaciones, eso sí, siempre buscando ser lo más imparcial y objetivo posible; hace que algunas de las muestras que recibo me hagan una especial ilusión, incluso más allá del vino que contienen las botellas. Y es que aunque un padre quiera por igual a todos sus hijos, siempre hay alguno con el que se siente, es humano; más identificado.
Esta muestra enviada desde el Pomerol bordelés no hay duda que puede identificarse con ese precepto personal. Y nadie tenga dudas, a veces eso no sólo me hace ser más exigente, sino que me lleva a analizar mis impresiones sobre el vino desde un punto de vista más contundente. Que nadie se lleve a engaños respecto a mi equilibrio en cuanto a imparcialidad.
Cuatro hectáreas y media de viñedo a disposición de los responsables enológicos de Château Gouprie, con una base varietal de merlot, setenta y cinco por ciento; dejando la parte restante para la cabernet franc. Doce meses de envejecido en roble francés.
Esta añada 2010 exhibe en copa parada un color apicotado con cierta intensidad y reflejos grana. Nariz que muestra en el comienzo una buena conjunción aromática entre fruta roja madura y sazonada con las señas de madera. Segunda linea de vainillas y tostados ligeros. Equilibrado en cuanto a perfume. La boca tiene un arranque en donde la fruta preside la escena, con buena línea de acidez, taninos golosos y finos, se mueve en el paso con suavidad. Tal vez pueda pedirle una mayor sensación de vinosidad, aunque la persistencia es media alta.
Retronasal con ciruelas rojas y frambuesas, vainilla y alguna seña de torrefactos, aunque algo mitigada. Elegante, aunque precisa estar un escalón más arriba en cuanto a extracción y concentración.
Lo califico en esta añada 2010 como recomendable, sobre todo por la gallardía que demuestra en nariz y en el paso por boca.

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