viernes, 16 de agosto de 2013

Bodegas Roda Cirsion 2009.


Me suele ocurrir. Los vinos más caros no siempre tienen que ser los que más gustan.
En el caso de Roda, y aunque sólo lo he catado dos ó tres veces en añadas diferentes, no es el Cirsion el vino que más me satisface.
En esta ocasión pude catar la añada 2009, en mi visita al salón de vinos El Alma de los Vinos Unicos y aunque se me presentó con la gallardía de un vino potente y tánico, creo que es aún pronto para lanzar un juicio de valor concreto.
Sí digo que despliega franqueza varietal, la tempranillo bien aparejada, y que el roble francés nuevo se nota con creces, no hay que ser ni siquiera catador experto para darse cuenta.
Aclaremos conceptos de una vez por todas, ¿es el Cirsion un vino de guarda avanzada?. Puede que ahí este el secreto, ó puede que cuando lea esto el enólogo de Roda, si es que lo lee; piense que soy un inocente. No lo sé, lo que sí puedo afirmar sin que por ello nadie deba crucificarme, ni siquiera desde los consejos de administración bodegueros, que hay vinos, y el Cirsion es uno de ellos, que deben adquirirse para guardarlos en tu vinoteca en la fila de atrás, olvidarse de ellos, y que el paso del tiempo haga el resto.
Nueve meses de barrica nueva de roble francés dan a luz un vino de color apicotado intenso, con reflejos purpúreos. Nariz endomingada pero equilibrada, que surge al principio un tanto precipitada en cuanto a matices de madera, para ir ganando terreno la fruta en cuanto a potencia aromática.
Cuestión de agitar la copa y de paciencia.
Tiene balsámicos, tiene especiados y tostados, torrefactos e incluso alguna seña de mineralidad.
La boca es densa, potente, con una textura grasa y cálida en la cercanía al paladar, los taninos globosos y bravos, precisan tiempo para pulirse y rendirse ante la evidencia del equilibrio. Largo y con estigma de ducha frutal, mantiene en la retronasal puntos de moras y frambuesas, vainillas y pimienta, torrefactos y regaliz negro, matices de cremosidad, lácticos, flores rojas y un tono amargoso final que prolonga las sensaciones. Aunque el vino me ha gustado en esta añada 2009, aún se dibuja salvaje, con una traza de acidez larga y una tanicidad que resulta casi endiablada.
En su presente lo califico entre recomendable y muy recomendable, dejando de lado esa lozana brusquedad. Su futuro puede ser magnífico. Lo cataré con dos años más de botella, y les diré.

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