martes, 20 de agosto de 2013

Bodegas Muga Blanco fermentado en barrica 2012.


Noventa por ciento viura y diez por ciento malvasía forman la base varietal de este vino blanco fermentado en barrica, que Bodegas Muga defiende en el cada vez más profuso mercado de los vinos blancos con crianza.
Siempre me he cuestionado la razón de que Muga no tenga en su galería de referencias un vino blanco sin crianza, ya que considero que es un espacio que podría cubrir con garantías más que evidentes. Rarezas mías aparte, cato lo que existe y sueño con lo que no.
El proceso de elaboración de este vino cuenta con ocho horas de maceración en prensa, con proceso de fermentado en barricas nuevas de roble francés. Tres meses sobre lías, con battonage de regularidad semanal.
En copa parada muestra un color amarillo pálido con reflejos verdosos. Nariz que apunta recuerdos cítricos, fruta tropical más ligera, y notas livianas en clave especiada.
La boca ofrece buena traza de frescura, con una acidez dominante, algunos puntos de amargor bien integrados, media sensación untuosa en el paso, ofreciendo en su contacto con el paladar algunas notas más efectivas en cuanto a carga de madurez frutal.
Retronasal en donde abunda el tono frutal cítrico, con sensaciones ligeras de hinojo y flores blancas, algunos guiños especiados e incluso en una segunda cata, recuerdos de melocotón y piña.
Creo que muchos consumidores habituales de este blanco seco de Muga con fermentación en barrica tienen confundido el criterio personal de que vino están bebiendo realmente.
Lo aplauden como vino fresco, con buena acidez, sin prestar atención a su santo y seña de fermentado en barrica, circunstancia esta que en el caso que nos ocupa debiera medirse con una franca y responsable guarda, tras su evolución en botella.
La añada 2012 de Muga catada hace un mes me ofrece en cuanto a su presente una condición de vino comercial, bien planteado, pero corto en cuanto a su condición de fermentado en barrica. Y soy de los que pienso que debe juzgarse con justicia cuando hayan pasado al menos seis meses más, sobre todo para ver como va ganando en untuosidad y personalidad.
De momento lo califico como recomendable, pero espero volver a catarlo para definir cuál es su sello real de vino blanco con crianza. Les contaré...

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