miércoles, 17 de julio de 2013

Visita a Bodegas Berarte.










Hay muchas cosas que no paro de repetir. Una de ellas es mi devoción por las mujeres y hombres de vino, esas personas que cuando hablas con ellas te trasladan amor por su trabajo, pero sobre todo pasión por el fruto del mismo, el vino.
Y tras mi pasada visita a Berarte, donde fuí atendido por las hermanas Berrueco, sólo puedo afirmar que en todos los rincones de su bodega se vive esa pasión y entrega por la cultura vitivinícola, añadiendo además un amor familiar por los antepasados, por el abuelo y por el padre. Ellos juntos comenzaron a comercializar en 1970 sus elaboraciones de viñedos propios. José Antonio Berrueco ha inculcado a sus hijos el amor por la viña, la pasión por el vino.
Catorce hectáreas localizadas entre Rioja Alavesa y Rioja Alta, con Sierra Cantabria y Río Ebro como testigos, pequeñas parcelas asentadas en suelos arcillo calcáreos, con cepas que muestran una antiguedad de más de cuarenta años y localizadas en una altitud media de cuatrocientos ochenta metros. Tempranillo y viura, Rioja de corazón.
Y allí, en Villabuena de Alava, entre lagares y barricas, las hermanas Berrueco compartieron conmigo y con mi esposa, toda la magia y el trabajo esforzado que sólo personas realmente entregadas a esta cultura, pueden atesorar y desarrollar.
Y comenzamos a catar, primero el joven 2012, un vino conceptual de Rioja, con la seña de la uva tempranillo bien definida, fresco y frutal, algunas sensaciones violeta, concentrado y juvenil, con el aire de Sierra Cantabria presente, un firme y franco vino que plantea buena traza de acidez, buena envolvencia en el final y un desarrollo en boca sostenido, con puntos de frescura en el paladar, buena seña de persistencia.
Hay cerezas y arándanos en la retronasal, pétalos florales, y sobre todo la huella de la tempranillo, con el equilibrio perfecto entre acidez y frescura.
Lo califico en esta añada 2012 como muy recomendable.
El Crianza 2009, que presenta un color apicotado con reflejos grana y violáceos. Nariz en donde los puntos de fruta roja madura y suavemente sazonada presiden la acción, pero acompañados en segunda línea por especiados dulces, ligeros ahumados y tostados y un final en el que aventuro algunos puntos de cacao en avance.
Boca donde la principal virtud es el equilibrio, con una buena entrada de fruta, desplegando una acidez media alta y unos taninos finos, golosos y bien pulidos. Buena seña de persistencia, con la retronasal hablando de ciruelas rojas, ahumados y vainillas. El roble americano bien integrado en el conjunto. Lo califico en esta añadaa 2009 como muy recomendable.
El Reserva 2008, amplificado respecto al crianza, se nota que la fruta comparte más espacio con la madera, color apicotado de cierta intensidad, con reflejos grana. Elegancia aromática, con tonos de fruta roja madura y mayor presencia aromática de especiados, deja una buena punta de cacao y un golpe entre láctico y balsámico. Boca frondosa, comenzando con la intensidad de la fruta, con los taninos más presentes que en el crianza, algo más globosos, dejando claro que precisa un punto más de avance en botella. Vino que progresará bien con una guarda responsable. Buena seña de persistencia, tiene volumen. Retronasal con tonos de ciruelas rojas y frambuesas, con vainillas y regaliz, marcando en el final un buen punto de salinidad. Lo califico, pendiente de esa progresión, entre recomendable y muy recomendable.
Además pude catar en primeur la edición crianza en añada 2011, vino aún sin terminar, amplio en concepto de fruta, con tonos de ciruelas, cerezas y arándanos, denso y sin límites aún, como un reluciente potro vinoso desbocado, uno de esos ejemplos de franqueza varietal que empiezan a caminar y que tanto disfruto catando. Amplitud, juventud y la fruta por bandera.
Creo que dará buen sello de Rioja, porque con una fruta así es difícil desviarse de los objetivos.
De momento lo califico entre recomendable y muy recomedable, pero con la premisa personal de que alcanzará mayores glorias vinosas.
Si algo me ha llamado la atención durante mi visita a Berarte es la franqueza, la riqueza de una fruta que empapa el paladar, que sabe transmitir y que con el buen criterio, doy fe de ello; de Inma Berarte, logra alcanzar lo que muchos buscamos cuando llevamos una copa de Rioja hasta los labios : la fruta como estandarte.
Volveré a Berarte para proseguir con mi personal baño de fruta, con el Ebro y Sierra Cantabria por testigos. Gracias a los Berrueco por su amabilidad.

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