jueves, 20 de junio de 2013

Bodegas Ramón Bilbao Reserva 2008.


Los eventos de presentación de añadas proliferan. No siempre resultan plenamente satisfactorios para las bodegas, de hecho habría que centrar primero que tipo de público acude a estos actos, para después saber que tipo de vino llevar a las catas, que por otro lado en muchos casos se convierten más en degustaciones y hasta en poteos, que en análisis organolépticos.
Quien acude a presentaciones de añada en clave purista es capaz de discernir entre una muestra de barrica, un vino en rama ó un simple zumo prensado, intentando sacar conclusiones más allá del puro rito consumidor. Quien se presenta en una presentación de añadas buscando pasar un divertido rato de ocio, como si estuviera poteando en Laurel ó La Herradura de Haro, se puede encontrar de vez en cuando con vinos aún sin hacer, estridentes en su progresión, alzados y agresivos, que sin lugar a dudas le resultarán poco menos que infumables desde su misma entrada en boca.
Parte de la cultura del vino, a veces una gran desconocida. Pero el planteamiento de una presentación de añadas como un evento con aire más festivo que profesional es lo que conlleva. Riesgo por objetivos difuminados.
El Ramón Bilbao Reserva 2008, presentado en El Carnaval del Vino de Haro, hace ya varios meses; tuvo mucho de buena intención y tal vez otro poco de falta de afinado. Tempranillo, graciano y mazuelo no son cualquier cosa, y sin embargo y a mi juicio es un vino que en aquel momento de cata, precisaba mayor tiempo en botella. Expresivo y complejo sí, pero con un nivel alto de agresividad, altanero en demasía, e indómito, que no indomable. El tiempo en botella le hará justicia, la misma que en el presente aún no tiene.
Vino en clave de fruta, más negra que roja, con un eje balsámico y flecos sabrosos procedentes de la madera, especiados, tostados y cafeteros.
Es la boca la que marca esa abrupta identidad que ya he mencionado. Fruta sí, pero cierta seña de astringencia, y unos taninos que de momentos se muestran demasiado intensos, necesidad de afinado. Buena línea de acidez, aportando en el paladar guiños golosos, con la fruta percutiendo.
En la retronasal se deja ver cierto desequilibrio entre fruta y madera, ganando terreno esta última en detrimento de la primera. Entiendo que es un vino aún sin terminar de pulir, precisa tiempo de guarda. El resultado será bueno, hoy por hoy lo dejo sin calificar en espera de una segunda cata que me dé mayor luz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario