jueves, 9 de mayo de 2013

Escondite del Ardacho Garnacha 2012.


Si catar vinos es siempre para mi una experiencia personal llena de satisfacciones, hacerlo cuando el vino aún está en pleno proceso de creación, hace que esta experiencia se convierta en algo más.
Allá por Diciembre de 2012 conocí el proyecto de Roberto Oliván, una especie de príncipe ideológico de Viñaspre, en cuanto a campo, viñedo y madera se refiere. Conocer a Roberto en persona hace que los que amamos este mundo de la cultura vitinícola apreciemos de cerca y con valor real todos los esfuerzos e ingredientes que se esconden detrás de la elaboración de un vino, desde el suelo en donde se asientan las viñas hasta el tratamiento que debe darse a la madera como instrumento eficaz y continente.
No es que Roberto vaya por este mundo de catedrático, pero observar sus evoluciones a píe de campo y rodeado de sus barricas, supone sin duda un buen aprendizaje.
Hablando de esta garnacha bautizada con el original nombre de Escondite del Ardacho, es mencionar un vino amplio, con vocación de intensidad, que se va perfilando poco a poco y que en su avance ya da señas de personalidad propia.
Lo caté en la bodega de Laguardia, lo volví a catar después, con una diferencia de tres meses; en el salón de vinos de Jean Marcos en Santander, y debo decir que con dos meses y medio de barrica la primera vez, y con cinco meses la segunda, la evolución es ante todo muy positiva.
Frescura y dulzor se unen para identificar a la varietal, con los tonos de fruta bien desplegados, con el roble francés que sirve de soporte a la garnacha, nunca enmascarando más allá, dando ese toque justo y contenido que supone lo que los catadores llamamos equilibrio.
El ardacho, lagarto; que surge de su cueva allá por los meses de marzo y abril, tiene en ese ejercicio de vuelta a la vida, una buena similitud con este proyecto vinoso de Oliván, ya que igual que el animal que da nombre al vino asoma el morro desde la entrada de su cueva, la garnacha en mi progresivo avance sensorial de este vino, va asomando su condición varietal, tardía por naturaleza en el viñedo, pero potente y vigorosa.
En mi segundo acercamiento a Escondite de Ardacho, aprecié fruta roja con un inicio confitado muy sugerente, buen equilibrio aromático, la fruta presidiendo siempre, con una golmajera presencia, efectista y efectiva. Vivaz, eléctrico en algunos instantes, intenso y sedoso, con la línea de acidez que comienza a sentar cátedra desde su liviana naturaleza varietal.
Una de las mejores virtudes de este vino es su franqueza y sobre todo una buena dosis de concentración.
En este primeur con entre cinco y seis meses de barrica, lo califico en avance como muy recomendable. Intuyo que cuando salga al mercado, Roberto tiene la palabra; estaremos delante de un gran vino y será entonces cuando mi calificación empiece a tener visos de definitiva.

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