jueves, 2 de mayo de 2013

Champagne Moussé Fils Cuvée Opale Blanc de Blancs.



Mi agradecimiento a Cédric Moussé por su envío desinteresado de varias muestras de sus etiquetas, champañas sutiles, llenos de buen impacto sensorial, complejos en su justa medida, acompasados y equilibrados, francos en cuanto a tonos varietales. La familia Moussé lleva desde el año 1880 elaborando en la localidad de Cuisles, en el Valle del Marne; y Cédric es la cuarta generación de una pasión común, la del champagne.
No es este Cuvée Opale Blanc de Blancs un champaña cualquiera, ni siquiera creo que llegue a entusiasmar a quienes sólo busquen en un espumoso, una bebida refrescante ó de celebración. Porque lo que encierra es la lozanía de la rusticidad, el encanto de la fruta natural, la magia sincera de la chardonnay.
Quiero decir que no es un champaña comercial, ni siquiera tiene vocación de ello, hecho indisimulable. Con ello no pretendo meter miedo a los posibles consumidores, simplemente advertir que antes de catar y degustar un Cuvée Opale de Moussé Fils debieran recrear mentalmente que características tiene la varietal chardonnay cuando se trabaja con mimo y esmero. La micro vinificación que Cédric y su equipo utilizan para trasladarnos este espumoso, la procedencia de los frutos con los que se realiza y los cuarenta y ocho meses de crianza aportan un producto firme, con una limpieza estética digna de elogio, muy floral y frutal, y después muy frutal y floral; buena finura aromática y una textura untuosa y fresca que harán las delicias de quién sepa apreciarlo.
Color amarillo pálido con reflejos verdosos e incluso alguno acerado, buena burbuja de perfil fino, con la nariz emotiva, intensa, en la que domina la sensación de limón y manzana verde, con puntos suaves de levadura, señas florales blancas y amarillas, fruta tropical liviana y un aire final en donde destacan huellas de salina mineralidad.
Tiene viveza en su entrada, con la fruta dominando la escena, buena acidez, derroche de frescura que envuelve la boca, buen volumen. Es un champaña eléctrico, dotado de una propia personalidad, que hace de la fruta y de su frescor natural su mayor y más aparentemente simple virtud. Creo que puede ganar más enteros con mayor tiempo en botella, pero esas olas de fruta blanca de hueso, esas manzanas verdes y esa crema de limón lo hacen arrebatador. Si a ellos unimos, en la misma fase retronasal un bello y hasta poético tono de jazmín y flor de naranjo, este más suave; el conjunto es una fiesta. Eso sí, es un champaña reñido con las prisas. Para deleitarse durante muchos minutos, fijándose bien qué nos marcan nuestros sentidos.
Les hechizará, sin duda.
Lo califico entre muy recomendable y más que muy recomendable.

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