viernes, 31 de mayo de 2013

Cata vertical de Upaingoa Txakolina con Victor Leiva.







Gracias a la gentileza de mi buen amigo José Uriszar conocí no hace mucho el txakolí Upaingoa, una creación del enólogo Victor Leiva, allá en los verdes paisajes de Guipúzcoa. Publiqué con fecha diecinueve de abril de 2013, una entrada en este blog, describiendo el buen trato que la botella había otorgado al vino de la añada 2009, criterio compartido por el propio Leiva y por algunos críticos de este fabuloso mundo de la cultura vitivinícola. La hondarribi zuri, la petit corbeau y la riesling presentan sus credenciales con soltura y firmeza, consolidando un vino blanco fresco, pleno en matices de estructura y complejidad y de más que sabrosa amplitud.
Quién se acerque a Upaingoa no hallará un txakolí que lance chispas y bengalas para luego desfallecer a medida que avanza su cata, por contra se situará delante de un vino blanco muy frutal y aromático, capaz; como demuestra esa añada 2009, de progresar en botella con el paso del tiempo.
Tras la cata de la añada 2009 y después de escribir sobre las buenas sensaciones ofrecidas, fui invitado por Victor Leiva a una cata vertical de Upaingoa, que tuvo lugar en el espacio de vino y pintura que Jose Uriszar tiene en la localidad de Haro.
Allí estaban las botellas de las añadas 2009, 2010, 2011 y 2012, preparadas para la ocasión.
De la primera poco más que decir, buen apunte de vinosidad, muy parlanchín en cuanto a aromas, con señas cítricas y florales, percepción de golosidad, matices livianos de algo que yo identifiqué como lanolina, puntos silvestres e incluso mfentolados según se agita la copa. Sapidez y dulzor frutal en boca, buena traza de acidez, textura glicérica y buena concentración. Un vino amplio y lleno de divertidos lances para el catador.
Repito calificación, entre muy recomendable y más que muy recomendable.
La añada 2010 algo más serena que la anterior, sobre todo en la fase aromática. Es la boca del 2010 la que domina la cata, mostrando un vino que iguala a la añada 2009, incluso dejando huella de, si es que es posible; mayores galas de redondez y estructura. Denso y largo, con la acidez y la credencial de la fruta apoderándose de paladar y lengua, menos apuntes balsámicos que en la dos mil nueve, pero marcando fruta y sensaciones florales con brillo y largura. Califico la añada 2010 entre muy recomendable y más que muy recomendable.
Pasamos después a la añada 2011, a mi juicio un peldaño más abajo que sus tres hermanas, eso sí, imprescindible en la cata vertical, sobre todo de cara a valorar como va evolucionando un vino, añada tras añada, y siempre en función de las diferencias lógicas entre cosechas distintas.
Más simpleza en la aromática, aunque la fruta dominante y bien marcada. Algún guiño floral y herbáceo, con media alta línea de acidez y una buena textura untuosa. No me resultó tan envolvente como la 2009 y la 2010, ni siquiera con esos galones de estas dos añadas en cuanto a estructura, y sin embargo en el paso por paladar parace reivindicar su futuro después de una estancia responsable en botella, como si la cata vertical gracias a esta añada 2011 se hubiese convertido en un juego coreográfico temporal.
Volveré a probarla con más tiempo, de momento la califico como recomendable.
Por último la añada 2012, con algún matiz chispeante propio de su lozanía, más descuadrada que las otras tres añadas, esperando ese afinado en botella, aunque como apuesta personal considero que se encuentra por encima de la 2011 y a la misma altura ó quizá más que la 2009 y la 2010. Buena sensación aromática, con frutas cítricas, de hueso, tropicales, señas florales y herbáceas y un punto que sólo encontré en la 2009, una sugestiva nota de salinidad e incluso, aunque ligero; amargor. Acidez en perfecto estado de forma, con suave paso untuoso y la personalidad de un señor vino blanco. Lo dicho, cuando se afine y logre mayores cotas de madurez, será un vino fabuloso. Me atrevo a apostar por la 2012, calificándola entre muy recomendable y más que muy recomendable, con casi segura posibilidad de alcanzar la mayor de las glorias.
Agradezco a Victor Leiva y a Jose Uriszar su cortesía en lo que supuso una perfecta cata vertical, y en la que además de las conclusiones ya mencionadas, saqué una nota personal de epílogo que dice : "hoy he catado lo que debiera ser el futuro del txakolí, menos serpentinas y más vino".
Impecable el enólogo Victor Leiva.

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