lunes, 20 de mayo de 2013

Bodegas de Alberto Dorado.



Elaborado mediante el método de crianza oxidativa y envejecido en madera con soleras, este monovarietal de verdejo es un rara avis impactante y con una certera dosis de originalidad, que los responsables de esta bodega de la denominación de origen Rueda, han querido compartir conmigo para que lo cate de modo desinteresado.
La historia del edificio que alberga esta bodega, enclavada en el municipio castellano de Serrada; se traslada hasta el siglo XVII, época en la que perteneció a los monjes dominicos. Fue en el más cercano año 1949 cuando Alberto Gutiérrez y sus hijos decidieron constituirlo en bodega,
Estamos delante de un vino sabroso, lleno de luz, que demuestra en copa parada un color cobrizo, con reflejos yodados. En vía nasal manda recuerdos agudos y muy sugerentes, en donde predomina la huella de frutos secos, con puntos francos florales de camomila, hinojo y anisados, con matices de toffee y una suavidad especiada más bien liviana.
La boca se inicia con un toque ahumado, mostrando una sugestiva punta de acidez, circulante; con la textura untuosa, buena seña glicérica, apuntando buena longitud en su desarrollo. Tiene volumen y buena estructura, me resulta ligero si lo comparamos con sus primos andaluces, pero es consistente y denota una buena carga de vinosidad. Amplio y con la retronasal que abunda en nueces, almendras y avellanas, cierta nota ahumada y tostada, con el punto floral bien presente, y una esencia de dulzor muy carismática, aunque no dominante.
Un vino lleno de personalidad.
Lo califico como muy recomendable.

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