viernes, 19 de abril de 2013

Txakolí Upaingoa Cosecha 2009.


Txakolí catado gracias a la generosidad de mi buen amigo, artista y hombre de vino, Jose Uriszar.
Elaborado con las varietales hondarribi zuri, petit corbeau y riesling, expresa ante todo una seriedad digna de aplauso, franqueza vinosa, buena concentración, paso medio untuoso y un estimulante creciemiento en botella. No es habitual, como bien señaló mi compañero de cata Jose Uriszar, que un txakolí de la cosecha 2009, descorchado en pleno 2013, dé tantas muestras de energía y fluídez. La botella ha cuidado del vino de un modo soberbio, procurándole calma, suavidad pero sin descuidar su potencia y lozanía. Responsabilidad enológica a cargo de un hombre de vino, muy relacionado con La Rioja, Victor Leiva.
Juan Celaya Letamendi lo embotella en Oñati y debo afirmar que nunca una botella había hecho tanta justicia a un txakolí.
Copa parada que muestra un color amarillo pálido con reflejos dorados. Nariz con sensaciones cítricas, notas florales y un punto goloso que se une con un suave tono de lanolina, casi imperceptible. Tiene frescura en boca, pero sobre todo una estructura digna de elogio, con personalidad de un vino blanco hecho, armado, pleno en cuanto a rigor de vinosidad. Es largo y pronunciado, con la línea de acidez bien trazada, perfecta podría decirse,  y una retronasal que mantiene sensaciones de fruta cítrica, flores blancas y un punto de sapidez que le concede el calificativo de sabroso. Hay esencias herbáceas en el final, plenas en cuanto a doma, dando buenas dosis de frescura en la longitud. Añada 2009 que me resulta entre muy recomendable y más que muy recomendable. Sorprendente, ¿ó no tanto?. La mano de Victor Leiva, amigos míos, no es cualquier mano. A los hechos me remito.

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