viernes, 3 de febrero de 2012

Greywacke Sauvignon Blanc 2011.


Con frutos obtenidos de viñas localizadas en el Valle de Brancott y en Wairau Plains, la bodega del fotógrafo y enólogo inglés, y australiano de adopción; Kevin Judd, elabora este monovarietal de sauvignon blanc con el peculiar aval de los suelos greywacke sobre los que se asientan las cepas. Greywacke, nombre de la bodega; hace mención a rocas sedimentarias formadas por la deposición de material en la superficie terrestre, que son habitualmente oscuras, muy duras y que suelen estar compuestas de mineral de cuarzo y feldespato, además de pequeños fragmentos de litio.
Entiendo por ello que estoy, a priori; delante de un vino con amplia expresión mineral.
La sauvignon blanc se vendimia de noche y recogido el fruto se traslada a la bodega donde le aguarda un prensado, tras del que espera la fermentación, que se realiza en acero inoxidable. Después una parte se lleva a barricas usadas de roble francés en donde prosigue la vinifación espontánea con levaduras indígenas.
La añada 2011 de este monovarietal ofrece un color amarillo con reflejos verdosos y cierto brillo, dando paso a una nariz sugerente, repleta de tonos frutales, abundando mango, lichis, piña y un fondo que recuerda a roca y piedra húmeda. Profundo en sensaciones, amplio y perfumado. La boca es crepitante en acidez, con el dulzor en segundo plano aunque presente, gratificante en el recorrido, lleno de frescura, con un juvenil ímpetu que agrada y envuelve. La débil sensación de desequilibrio da muestras de corregirse en breve, y en su franca persistencia se adivinan, ya en la fase retronasal; huellas de cítricos rodeados de cremosidad, mango y piña, y un final muy atractivo que enciende la mecha de la mineralidad.
Muy recomendable, y lo será más en cuanto se termine de redondear en botella.

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