lunes, 26 de junio de 2017

Raúl Pérez Viticultor La Clave 2013.



Tratar con los hijos e hijas de Raúl Pérez es simple descubrimiento, un hechizo maravilloso en donde el clima, la tierra, el suelo y las variedades aportan expresión, estructura, personalidad, carácter y una especie de cata telúrica, en donde la geobiología queda reflejada con distinción y un sabroso perfil para nada esnobista ó imaginario, antes bien rústico pero muy emotivo.
A mi ya me sobran esos individuos que con una copa en la mano y la botella enfrente son incapaces de valorar el producto, su elaboración y los raíles distintivos e identitarios por donde circula el tren en ese momento en el que el vino surge desde el interior de la copa, traspasando el umbral de los labios y motivando los sentidos. Alcanzar ese escenario no es cuestión de discursos, de puntuaciones más ó menos elevadas, de lecturas de tratados sobre ampelografía, de cursos de cata más ó menos tamizados por elocuentes conductores y literarias artimañas. Que si algo ha aprendido uno, después de catar más de dos mil quinientas referencias al año, es que en esto del vino la personalidad, la excelencia de un vino se descubre en pocos segundos, casi en el mismo tiempo que dura encender la luz, apretando un interruptor. No hay secretos, descorchar y catar, hacerlo con pocas pistas, enlazando con el interior de la copa con nudista mentalidad, sin preámbulos ni juicios basados en una etiqueta.
Desde luego y sin que sea lo único a esgrimir más sentido intuitivo y menos dogmático.
En verdad esto del vino no es algo grandilocuente, estirado, difícil, pero por desgracia quienes más lo anuncian, tal vez lo hagan por intereses poco honestos.
Mencía y garnacha forman el alma de este La Clave, fruta berciana que se vendimia de modo manual y que ya en bodega es manejada con tiento siguiendo los cauces tradicionales de vinificación, fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable, controlando la temperatura y continuando con una maduración en barricas de madera de roble francés que se prolonga durante doce meses.
Tras el descorche, en copa parada afirma un cromatismo picota de notable intensidad, con reflejos púrpura e incipientes grana, promociona en la cercanía olfativa nostalgias amplias de fruta roja en sazón, créditos en segunda instancia que reflejan memorias silvestres y balsámicas, acogida central de  almendra tostada muy suave y en el final retornos de salina mineralidad.
Boca afectiva, abre jugosa, bien equilibrada, estructura afianzada y volumen, asomando frescura y una buena linea de acidez. Emulsión en el paladar, con la fruta alzada en primer plano, acreditando unos taninos golosos y afinados, hay algunas señas de certera rusticidad, pero por encima de todo esa singularidad expresiva basada en la grandeza identitaria y zonal con la que Raúl Pérez sabe premiarnos. La fase retronasal habla de ciruelas rojas y cerezas, alguna punta cítrica suavemente confitada, hierbas aromáticas y regaliz, abriendo en el epílogo notas de terruño, amplia expresión mineral. Buena prolongación final.
En esta fase se notan menos los descriptores tostados en comparación con los créditos de la vía aromática. Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.



domingo, 25 de junio de 2017

Rafael Cambra Soplo 2013.




Rafael Cambra valora el corazón por encima de cualquier otro elemento. En su carta de presentación asegura que la tierra, como la viña, necesitan de mucho amor para crecer de una cierta manera. Labor emocional para este hombre de vino que cuenta a su disposición con veinticinco hectáreas de viñedo, variando la composición de los suelos en función de cada cultivo varietal, arcillo calcáreos para la monastrell, y arenosos y pedregosos en lo que se refiere a las dos cabernet.
La Toscana valenciana, así definida y contemplada por Cambra, con influencias climatológicas mediterráneas e influencia continental, intervención mínima en el viñedo dentro de un planteamiento personal de respeto a la identidad del fruto y a la expresión de una zona, a la que el enólogo llegó tras un paso laboral de aprendizaje por la denominación de origen Rioja, en donde tuvo como maestros, entre otros, a Chus Madrazo y a la familia López de Heredia. 
Soplo en la edición de vendimia 2013 expresa la personalidad de una garnacha cultivada en terrazas con suaves pendientes, cuatro hectáreas de extensión, cepas jóvenes que se asientan en suelos de componente franco arenoso, aluvial en superficie.
Vendimia manual, que conduce los frutos a bodega, en donde se sigue un vinificado que incluye fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable pequeños, usando un diez por ciento de la uva con raspón y realizando cortos remontados. Macerado durante doce jornadas manteniendo una temperatura constante y llevando a buen término una maduración en barricas de roble francés y depósitos de hormigón, que se prolonga durante cuatro meses.
En copa parada pincela tonalidades picota de buena intensidad, con reflejos púrpura, estética limpia y brillante, amaneciendo en nariz con nostalgias de fruta roja en sazón, registros florales, guiño de piel de naranja, notas balsámicas casi musicales que se afianzan tras evocaciones de regaliz, más lejanas muecas de hinojos y epílogo aromático que aparece exhibiendo algunos principios de mineralidad.
Arranca en boca con ancho campo, traza lineal de acidez, frescura y cierta dosis envolvente, con los taninos amables y golosos, ensalzado el vino en su cuenca de persistencia. La retronasal habla de cerezas, ciruelas rojas, cítrica naranja suavemente confitada, florales retornos en segunda instancia, de nuevo los apuntes balsámicos que perfilan las memorias frutales y un final en donde encuentro largura de expresión y algunas sensaciones salinas que prolongan la personalidad del vino.
Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.

sábado, 24 de junio de 2017

Azienda Agricola Cos Frappato 2015.





Aunque esta bodega siciliana tuvo en el momento de su fundación, año 1980, tres propietarios, Strano Cirino, cuya vocación de profesional de la medicina era insalvable, decidió cinco años más tarde coincidiendo con su graduación, abandonar el proyecto dejando al frente a sus dos compañeros, Giambattista Cilios y Giusto Occhipinti que adquieren Villa Fontane, espacio ubicado en Cerasuolo di Vittoria, en la Ragusa siciliana, con los valles cercanos de Cava San Leonardo y Cava Santa Domenico dando escolta a este rincón del sur de Italia. Los ríos Ippari y Dirillo descienden desde los montes Iblei, roca caliza blanca, con presencia en algunas zonas de componente volcánico y más hacia la costa, areniscas que en en este lugar de Sicilia se denominan giuggiulena. En el año 2005 los dos socios adquieren una finca anexa, Villa Fuentes, sumando a su propiedad veinte hectáreas más de viñedo. Cilios y Occhipinti mantienen criterios de agricultura biodinámica y utilizan para sus elaboraciones ánforas que de un modo progresivo han sustituido a la madera en los procesos de maduración. Un ejemplo de ello es este vino tinto monovarietal, basado en la casta frappato di Vittoria, una peculiar variedad, que por momentos y en un plano únicamente estético recuerda a la pinot noir en lo que a las tonalidades visuales se refiere. Los vinos que aparecen a partir de esta uva son delicados, llenos de sutileza, no excesivamente expresivos en la nota olfativa aunque dan lugar a amplios análisis comparativos con los surgidos de otras variedades. No está claro el origen de la frappato, de hecho hay teorías que acreditan su procedencia de España y otras que la relacionan de lejos con la sangiovese. Tras la vendimia, se procede en bodega con una selección del fruto, que se cosecha en viñas asentadas en suelos de componente arenoso, a doscientos cincuenta metros de altitud sobre el nivel del mar. Fermentación alcohólica espontánea con pieles y usando levaduras indígenas, que tiene lugar en depósitos de cemento, donde permanece en capítulo de afinado durante un año. En copa parada perfila un cromatismo picota ligero, con reflejos suaves rubí y grana, nariz que despega son recuerdos de frutos rojos silvestres, buena maduración, matices florales en segunda escena, matices especiados que intuyo varietales, con nostalgias de canela, reportes muy en clave primaveral, campestre. Balsámicos en el frente aromático y un final que sobresale portando venturas de mineralidad, porte salino. La boca abre suave, con proyecto de sutileza, media alta nota de acidez, tanicidad no muy marcada, algunos guiños untuosos y una persistencia débil en las formas y más intensa en el fondo. Retronasal que habla de fresas de mata y grosellas, gesto cítrico, con flores rojas en la segunda instancia gustativa, centro de regaliz, canela y un epílogo que conjunta notas de flora campestre con guiños minerales y de sutil amargor, que prolongan su expresión.
Lo califico en esta añada 2015 entre recomendable y muy recomendable.












Celler Aibar Parrell Jove Collita 2016.




Procedente de las labores agrícolas diarias de una familia de la Ribera del Ebro, en la zona de Tarragona y en lo que al vino se refiere amparada por la denominación de origen Montsant, este vino tinto joven correspondiente a la edición de vendimia 2016 se elabora mediante una conjunción de variedades, garnacha, syrah, cabernet sauvignon y merlot, vinificado individual según cada casta, con macerado pelicular cuando la fruta llega a las instalaciones de la bodega tras la vendimia, usando para ello pequeños continentes de quinientos litros y procediendo después a una fermentación alcohólica regida por control de temperatura, que se lleva a buen fin en depósitos de acero inoxidable de mil litros. Ensamblaje final y paso a botella, precedido sólo por un suave estabilizado.
En copa parada enfrenta un cromatismo apicotado de notable intensidad, con reflejos violáceos, nariz que promulga recuerdos de fruta roja en sazón, aromas de arropes muy finos, con menores reportes florales rojos y un centro que se antoja balsámico. Señas juveniles, buen equilibrio, prolongado y mantenido. Boca con entrada jugosa y fina, avance con sutileza, amable en el avance, con buena traza de acidez y despliegue de frescura, largo en su extensión gustativa, acredita una sabrosa persistencia. Taninos golosos y afinados, deja en la vía retronasal memorias plenas de cerezas, fresas y ciruelas rojas, guiño que me ha evocado pera Bartlett roja, pétalos de flores rojas, flor de naranjo y un lejano matiz silvestre, abunda en un eje balsámico, regaliz, y despide con longitud y buenas dosis de sapidez.
Una buena añada para un vino cómodo y apacible. Lo califico como muy recomendable.
Franqueza impera.

viernes, 23 de junio de 2017

Champagne Laherte Frères Rosé de Meunier Extra Brut.





De los pieds de cochon á la Sainte-Menehould que según cuentan las crónicas el rey de Francia Luis XVI saboreó con gula en plena huida de París, buscando junto a su familia una salida al Rhin, y que al parecer motivaron que un postillón de agudo poder fisonómico le delatará tras reconocerle comiendo con aparatosidad las extremidades inferiores porcinas preparadas deshuesadas, empanadas y doradas al horno con mantequilla por un diestro mesonero de la localidad de Varennes, a los pies de cerdo, manos de ministro según un bautismo castellano más reciente y malintencionado, que hace pocos días pude degustar sin compañías alrededor, distan tantos años como manejos culinarios.
No cuentan las crónicas si aquel rey francés, que tuvo que purgar culpas en plena revolución ajusticiado por la sangrienta guillotina y que estuvo casado con la prolífica en muchos sentidos María Antonieta, armonizó su manjar del día con algún vino de la zona ó si lo hizo con algún fastuoso champaña, aunque lo cierto es que si lo relatado es cierto y no leyenda, probablemente fueran aquellos pieds de cochon la ultima serpentina gastronómica en la vida del monarca.
En mi caso, seleccioné este champaña rosado de la maison Laherte Fréres, un espumoso monovarietal de la casta Pinot Meunier, fruta vendimiada en parcelas propiedad del dominio localizadas en los municipios de Chavot y Vallée de Marne y que toman asiento en suelos de
composición arcillo calcáreo y con presencia de sílex. Fermentación alcohólica en bodega que tiene lugar en depósitos, barricas y foudres, respondiendo al perfil de rosé d´assemblage y formando su empaque con un treinta por ciento de vino rosado de maceración, un diez por ciento de vino tinto y un sesenta de vino blanco, de cuyo porcentual el cuarenta pertenece a vinos de reserva madurados en barrica. Incluye maloláctica parcial y crianza sobre lías durante un periodo de seis meses. El nivel de dosage es de dos gramos y medio por litro, siendo su fecha de degüello el mes de octubre de 2015.
En copa parada manifiesta una cromática rosa intensa y brillante, con reflejos asalmonados, cobrizos y más insinuantes piel de cebolla, buena presencia de burbuja fina, rosario regular, nariz que anuncia recuerdos de fruta roja madura, guiño cítrico y de fruta blanca con hueso, algunas flores rojas en segunda instancia, fondo balsámico y algunos brotes de hierbas aromáticas algo difusas, frutos secos y menos descriptores aromáticos engarzados con levaduras, que si bien están presentes no alcanzan la influencia e intensidad del resto. Entrada en boca con frescura, la burbuja bien integrada, untuoso en el paso, amplio en la difusión, desliza buenos lineales de fruta con una sensación de acidez bien perfilada. Alcance y llegada al final, persistente, sostenido. La retronasal habla de cerezas, ciruelas rojas, melocotón de viña, con señas de naranja en confitura y algunas rosas rojas que se dejan
acompañar por camomila y brezo, abriendo a continuación esbozos balsámicos y un gesto de panadería y frutos secos ligeramente tostados. Tiene en la retaguardia una sorpresa especiada exclusiva de esta fase de la cata y que en la vía olfativa no había presenciado. Finaliza con salina mineralidad y la fruta alzada en primer plano, sabrosa y golosa.
En la terraza de casa, con el Norte de Haro soplando por fin, después de varios días de somnolencia, dos copas de este champaña rosa de Laherte Frères edulcoraron, matizaron y afianzaron mis impresiones golosas nacidas desde la pincelada gastronómica de unos pies de cerdo guisados a la riojana, con un punto picante no excesivo, incapaz de romper la personalidad del espumoso.
Una armonía elogiable, digna de reyes franceses y de plebeyos revolucionarios, que si algo consigue una buena mesa y un buen vino es unir a la humanidad con independencia de su condición.
Califico este champagne como muy recomendable.
Y recomiendo su consumo con todas las variantes posibles que sobre un plato puede facilitarnos el simpático animal de numerosos apelativos.
Champaña y marrano van de la mano.






Bodegas Altún Albiker Maceración Carbónica 2016.




Elaboración con una base mayoritaria de la variedad tempranillo, añadiendo como era menester en el pasado y entre los recios hombres de campo de Rioja, un aporte menor y complementario de la perla blanca de la denominación, la viura. La fermentación de uva entera presente, con fruta procedente de fincas localizadas en los términos municipales de San Vicente de la Sonsierra, Baños de Ebro, Laguardia y Elciego, terrenos propiedad de Bodegas Altún y de su principal defensor, José Antonio Martínez.
Nunca me cansaré de reivindicar el concepto de maceración carbónica, un tesoro de la vitivinicultura de Rioja, deficitario en cuanto a los métodos de marketing y despreciado por muchos por simple ignorancia. Uno de los lastres de nuestra querida España consiste precisamente en no saber valorar nuestras virtudes, materiales e inmateriales, y los vinos de maceración carbónica forman parte de ese defecto, sobre todo conociendo la muy cercana en lo geográfico, imagen eterna y legendaria de los Beaujolais, pertenecientes a una Francia en donde négociants como por ejemplo Georges Duboeuf, lograron niveles comerciales apoteósicos gracias al poder de la imaginación, aunque en el conjunto de su leyenda existieran también lagunas negras. Me llama siempre la atención que en ciudades con tradición de consumo vinícola no exista un grado para estas elaboraciones, para unos vinos que son de consumo fácil y amable, que expresan frescura y una chispeante lozanía.
Todos los perfiles de vino tienen un espacio, un lugar al cabo del día y la noche en donde ser referentes, en solitario ó armonizados. Para mi gusto, desde luego las maceraciones carbónicas no representan una excepción.
En copa parada exhibe un cromatismo picota intenso, con reflejos violáceos, nariz en donde abundan recuerdos de fruta roja y negra en sazón, segunda instancia que recrea flores rojas y violetas, guiños silvestres muy finos, con un fondo balsámico y un lecho cremoso que memora mousse, este más lejano, sutil y que colabora en ensalzar la personalidad de la fruta madre.
La boca abre jugosa, enlazada una traza de frescura que se prolonga y que va apuntando en el avance explosión de fruta, con equilibrio y ese gozo dulzón que tanto encandila. Goloso, amable y llegando con credenciales hasta el final, abunda en la vía retronasal en evocaciones de fresas, cerezas y moras, pétalos de flores rojas y violetas, regaliz y algunas memorias menores de mousse de fresa.
Buen representante de los vinos de fermentación de uva entera, que califico en esta añada 2016 como muy recomendable.





jueves, 22 de junio de 2017

Marqués de Murrieta Gran Reserva Edición Limitada 2010.





Vino catado en sede de la bodega Marqués de Murrieta, siguiendo con atención las explicaciones de Natalia Ruiz de Gopegui, que actuó como excelente anfitriona en una visita llena de encanto, disfrutando los presentes de la magia del pasado, del empaque de un presente con modificaciones e innovaciones, y de un futuro que preveo esplendoroso, porque si algo hay claro es que las referencias de este dominio poseen una indudable personalidad que asoma bajo la estela de los legendarios vinos finos de la denominación de origen Rioja.
Me encantó este vino tinto gran reserva en edición de añada 2010, catado en primicia, cuando aún no estaba presente en el complejo mercado vinícola. Bajo la responsabilidad profesional de la enólogo María Vargas, que recientemente ha sido reconocida por medios internacionales por su trabajo al frente de las elaboraciones de Marqués de Murrieta, en su alma hay una conjunción varietal de las castas tempranillo, base mayoritaria, con aportes complementarios de mazuelo, garnacha y graciano, vino elaborado con fruta procedente de las trescientas hectáreas de viñedo que forman la extensión territorial de Finca Ygay, propiedad de la bodega, y en las que se alinean cepas que se encuentran localizadas a una altitud que oscila entre los trescientos veinte y los cuatrocientos ochenta y cinco metros sobre el nivel del mar. Suelos de componente arcillo calcáreo, dotados de una personalidad debida a su pasado como lecho del río Ebro.
Tras el proceso de vendimia manual se procede ya en bodega con un despalillado y un suave estrujado, precedentes de una fermentación alcohólica individualizada en función de cada variedad de uva, que tiene lugar bajo control de temperatura en depósitos de acero inoxidable. Nueve jornadas de encubado, durante las que se llevan a cabo remontados y bazuqueas, favoreciendo el contacto entre mosto y hollejos. Se procede a continuación con un prensado de las partes sólidas de la fruta, usando a tal fin prensas verticales, manejando esta fase con mimo de cara a obtener estética en el cromatismo y madurez en la tanicidad. Final que se resume en una maduración de veinticuatro meses de duración, llevada a buen término en barricas de madera de roble americano de doscientos veinticinco litros de capacidad. Embotellado durante el mes de setiembre del año 2013.
Tras el servicio en copa aprecio tonalidades picota intensas, con reflejos rubí, sensaciones grana e insinuaciones teja, afirmando en la proximidad aromática recuerdos de fruta roja, confituras y arropes, segunda instancia de pétalos florales rojos, hierbas aromáticas y balsámicos, ahumados y tostados de fondo, marcando en la continuidad y a lo largo de varios minutos de examen nostalgias de almendra y nuez, suave tueste, especiados dulces y pimientas, menor nota de coco y canela, retirada de tostados granos de café. Estupenda y equilibrada complejidad en donde la madera aporta pero sin nublar la personalidad de la fruta, esta siempre en un primer plano. Abre la boca con un apreciable instinto de fruta madura, buen paso con testigos untuosos, plantea con decoro el calificativo estrella de terciopelo, hay una elegante calidez pero el fresco y emotivo guiño de la fruta se abre paso hasta el paladar y lo tapiza con finura. Emotivo, de esos vinos cuya cata no se olvida. Sabrosa trazad de acidez, los taninos son esbeltos, maduros y golosos, magnífica persistencia, bautismal, benemérita. La retronasal esencia retornos de ciruelas rojas y cerezas, breves notas licorosas, más amplia descriptiva confitada, mermeladas, evocaciones florales y silvestres, regaliz y algunos brillos de bombón inglés, más breve pulso especiado dulce, pimientas y coco, finalizando con frutos secos y una mueca de canela y señas torrefactas.
Añada inmensa para un vino con el que gozarán todos aquellos amantes de la legendaria personalidad de los vinos finos de Rioja. Lo califico como más que muy recomendable. Soberbio en su presente, con un brillante futuro, porque incluso le queda recorrido de sobra.

miércoles, 21 de junio de 2017

Château Bel-Air Cuvée Jean & Gabriel 2014.




Vino tinto bordelés que surge de la maison que la familia Roi administra en la apelación Lussac Saint-Emilion, en la ribera derecha de los ríos Garonne y Dordogne. Con algo más de veinte hectáreas de viñedo en propiedad, situadas en plena meseta de suelos arcillosos índigos y con una exposición cardinal sur, hay también presencia de gravas y componente férrico, siendo la climatología de influencia continental y la edad media de las cepas ronda los cuarenta años. Proceso de cosecha mecánico, mediando procesos suaves de fermentación, lentas extracciones y una maduración que se prolonga durante dieciocho meses en barricas de roble francés, en una proporción paritaria entre madera nueva y de un uso.
Merlot y cabernet franc en un ensamblaje que se realiza con el asesoramiento externo del enólogo Stéphane Derenoncourt, y bajo los criterios de los propietarios del château, Jean-Noël y Antoine Roi, que buscan con el vino homenajear a sus antepasados al frente del dominio.
Tras el descorche y en copa parada muestra una cromática picota de notable intensidad, buena estampa limpia y brillante, con reflejos púrpura y grana, notas aromáticas que surgen en la aproximación olfativa descubriendo galantes recuerdos de fruta roja y negra en sazón, asoma un guiño floral violáceo y huidizo, no marcado en exceso, recreando en el eje aromático nostalgias balsámicas de regaliz y un fondo tostado que se conjunta con memorias de cacao.
La fruta siempre en primer plano, abriendo en boca con longitud y buen tono de concentración frutal, despliega frescura y sensaciones untuosas, larga y controlada linea de acidez, con la tanicidad golosa y madura, estupenda persistencia. La retronasal habla de ciruelas rojas y negras, cerezas y arándanos, flores violetas y regaliz, desplegando en el epílogo evocaciones de frutos secos tostados y cacao.
Por momentos ofrece un gesto suave de bombón inglés.
Buena añada, esta del 2014, que califico como muy recomendable.

Legaris Crianza 2013.




Con unas instalaciones de corte modernista y cien hectáreas de viñedo en propiedad, esta bodega de la denominación de origen Ribera del Duero vendimia la fruta con la que elaborar sus referencias en dos parcelas ubicadas en los términos municipales de San Martín de Rubiales y Curiel de Duero, provincia de Valladolid.
Los responsables de campo de Legaris presumen de manejos laborales de viticultura sostenible, teniendo acceso a métodos de riegos según las necesidades de la planta, (RDI), mapas por satélite para una viticultura de precisión, estación meteorológica propia y cubiertas vegetales encaminados a mejorar el aporte de nutrientes, aumentar la permeabilidad y colaborar a proteger la fauna autóctona.
Hoy traigo al blog el vino tinto crianza de esta bodega que en su edición de vendimia 2013 se elabora con una base mayoritaria de la casta tempranillo, dejando una proporción menor para un ajuste basado en uvas de cabernet sauvignon, en torno al seis por ciento. Tras la cosecha se procede con un recibimiento en las instalaciones de bodega que comienza con una maceración que se extiende durante tres jornadas, pasando después a los depósitos donde se completa la fermentación alcohólica tras un periodo que oscila entre los catorce y dieciséis días. En ese tiempo se realizan entre tres y cuatro remontados diarios. Se completa un fermentado maloláctico en los mismos continentes, con trasegado a barrica en donde madura durante un año, utilizando roble francés y americano en cantidades paritarias, siendo el aporte de madera nueva de un veinticinco por ciento. Clarificado con albúmina de huevo y filtrado final, antes del embotellado.
Tras el descorche, en copa parada pincela tonalidades picota de notable intensidad, con reflejos púrpura y algunos retenes violáceos menores, la nariz asoma nostalgias de fruta roja y negra en sazón, segunda instancia que combina especiados dulces y pimienta negra, desplegando en el eje aromático recuerdos finos de regaliz y recreando en el epílogo olfativo torrefactos y almendra tostada, buen equilibrio con la influencia de la madera presente pero no predominante. El vino según se airea en el interior de la copa abre más ventanas por donde entra la personalidad de la fruta que le da vida.
En segundas aproximaciones, la fruta roja y negra se exhibe con guiños licorosos suaves.
Aparece también una mueca de miga de pan y cereal, así como una brisa floral roja de menor intensidad. Boca que arranca jugosa, buen despegue de la acidez, sabroso en sus formas, amable en los modos, la madera se adapta a la fruta y la realza, describiendo unos taninos golosos y maduros, buen punto de persistencia. La retronasal magnifica los retornos de ciruelas rojas, cerezas y arándanos, lejanas notas especiadas y balsámicas, con orgullo tostado que acompaña a los tonos frutales siempre presentes. Buena longitud, amplio y expresado con equilibrio y volumen. Lo califico en esta edición de cosecha 2013 entre recomendable y muy recomendable.

martes, 20 de junio de 2017

Señorío de Villarrica Crianza 2014.



Los hermanos Fernández al frente de una bodega que dispone para sus elaboraciones de ciento cinco hectáreas de viñedo, con localización en los municipios de Haro, San Asensio, Anguciana, Briones, Hervías, Bañares y Sajazarra, Rioja Alta y sus influencias climatológicas y de suelo. Vino tinto crianza en edición de vendimia 2014, con selección de fruto de la casta tempranillo durante el proceso de vendimia, que se realiza en modo manual y a la que sigue una segunda selección en bodega, con posterior despalillado. Fermentación alcohólica que tiene lugar en depósitos de acero inoxidable controlando la temperatura, con tres remontados diarios y un periodo de veinticinco jornadas. Maloláctica en tinas de roble francés y maduración de catorce meses que se lleva a buen término en barricas de madera de roble francés y americano, con medio año adicional de afinado en botella antes de su salida al mercado.
Se utiliza fruta surgida del ciclo vegetativo de viñas asentadas en suelos de componente arcillo pedregoso, y más en concreto de las fincas El Ciervo, Villavacas y Villarrica, que acreditan diferentes antigüedades, siendo la más joven la primera de ellas.
En copa parada escenifica un cromatismo picota de notable intensidad, con reflejos púrpura, nariz aclimatada a recuerdos de fruta roja en sazón, con algunas señas en segunda instancia que evocan especiados dulces y tostados finos, frente balsámico, y un final en donde surgen aires torrefactos conjugados con sensaciones cremosas. Equilibrado en la fragancia, mantiene la personalidad aromática de la fruta madre en primer término.
Boca golosa y afinada, las influencias del roble dejan su impronta en el paso, despliega buenos tonos de frescura y una sabrosa acidez que aporta nervio. Perfil de monovarietal de la denominación de origen, sustancioso y con volumen. Taninos golosos y maduros, se desliza en la llegada al paladar con señas de suavidad. Buena nota en cuanto a persistencia y en la retronasal apuntes de cerezas y ciruelas rojas, vainilla y almendras, gesto central gustativo de clave balsámica, regaliz, y en el epílogo granos de café tostados que prolongan su expresión. Lo califico en esta añada 2014 como muy recomendable.

Espelt Viticultors Lledoner Rosat 2016.




Vino rosado del Empordá, correspondiente a la colección de referencias de Espelt Viticultors que se elabora con uvas de la variedad lledoner, apelativo sinónimo de garnacha tinta usado en la zona geográfica vitícola del Empordá catalán, vendimiadas en parcelas de la propiedad que se asientan en suelos de composición franco arcillosa, con base granítica.
Vinificación que comienza con un proceso de macerado pelicular en frío, etapa que se prolonga durante poco más de veinte horas, siguiendo con una fermentación alcohólica con temperatura controlada en depósitos de acero inoxidable y una breve permanencia sobre lías en idénticos continentes. Despliega en copa parada un cromatismo rosa intenso y brillante, con reflejos fresa y grosella, y algunos tonos asalmonados y cobrizos suaves. Nariz afirmada en nostalgias de cerezas, ciruelas rojas y cítricos, algunos motivos florales y balsámicos en la prolongación del perfume, hay rosas rojas y anisados, manifestando notable expresión de equilibrio.
Boca sustanciosa, afianzada en una traza sugerente de acidez, buena frescura en el paso, seña untuosa y alcance y llegada al final de la cata. Abre la fase retronasal con testigos descriptores de frutos rojos, limón y pomelo rosa, rojos y amarillos pétalos florales, alguna sensación de hierbas aromáticas, con hinojo y un guiño mentolado en el epílogo.
Buena condición refrescante, para una añada 2016 del Lledoner Rosat que califico entre recomendable y muy recomendable.