miércoles, 18 de enero de 2017

Viñedos del Contino Reserva 2010.





Si en el año del señor de 1617 la junta de reformas de las Guardas de Castilla decidió la disolución inmediata de la compañía de los continos hombres de armas, por considerarla de ninguna utilidad, en pleno mes de Enero de 2017, quien dirige este blog replica las campanas para afirmar que por muchas compañías de armas que puedan disolverse, sólo un hombre de vino, soldado de viñas y bodega, merece el trato distinguido y eterno de ser considerado alfil de campo y elaborador con mayúsculas. Chus Madrazo y Contino, dos protagonistas de la denominación de origen Rioja que se conjugan en una sola declinación verbal y cuyas ofrendas al catador y bebedor de buenos vinos son un hecho objetivo y en la mayor parte de los supuestos, un motivo de aplauso. Puede que la figura de Madrazo sea en nuestros días una de las más cercanas al concepto de vinos finos de Rioja, entendiendo por tal calificativo aquellas referencias que plantean el recurso de la madera como sinonimia de elegancia, apacible, nada percutora ni empalagosa, protegiendo la identidad de la fruta y apaciguando la preponderancia de los terciarios en beneficio de una actriz principal, la uva. Luego será el tiempo quien otorgue mayores beneficios al líquido que guarda cada botella, encaminado siempre el esfuerzo a un envejecimiento digno, placentero y orgulloso, pero siempre lleno de equilibrio y viveza. Creo a estas alturas de mi vida como catador de vinos, que tal vez sean los hijos vinícolas de Madrazo, unos de los más fieles herederos del saber hacer, del conocer como envejecen de un modo magnífico, los vinos de Rioja. El tiempo será quien me dé ó quite razones.
El vino tinto reserva de esta bodega localizada en la zona alavesa de la denominación de origen, en Laserna, pedanía de Laguardia, en su edición de añada 2010 sirvió para entusiasmar a mi familia durante una de los ágapes navideños. Base varietal mayoritaria de tempranillo, con menores aportes de graciano, garnacha y mazuelo, fruta procedente de la finca, de las viñas situadas en un meandro del río Ebro, en tres terrazas con suelos de composición arenoso calcárea en profundidad y arcilloso calcárea en superficie, con presencia de cantos rodados, bendito legado aluvial.
Tras la vendimia, se procede en bodega con un despalillado seguido por el comienzo de la fermentación alcohólica que tiene lugar en depósitos de acero inoxidable, cuidando el control de temperatura y por un macerado que desemboca en una maloláctica. Trasegado a barricas, con un periodo de maduración de dos años en madera de roble americano, al cuarenta por ciento, y francés, sesenta. Afinado en botella por un tiempo mínimo de un año antes de su salida al mercado.
Tras el descorche y primer servicio en copa, exhibe un cromatismo apicotado limpio y brillante, con reflejos grana e incipientes rubídeos, nariz que promulga nostalgias de fruta roja en sazón, suave guiño de confitura, especiados dulces y matices de afinada licorosidad. Tostados y algunos frutos secos, con el eje balsámico y un guiño de cuero limpio, ebanistería y tabaco. Estupenda complejidad, con la fruta madre siempre dejando su brillante rol protagonista. En una segunda copa, apunto algún escorzo de mina de lapicero en la fase final de la cata olfativa. Boca gustosa, muy equilibrada, con la viveza de la punta de acidez en estupenda prolongación durante el paso, frescura y una seña de calidez que le aporta hidalguía, taninos maduros y pulidos, franca nota de persistencia, muy en clave de los ya mencionados vinos finos de Rioja. Golosa retronasal, con las cerezas, ciruelas rojas dejando una estela entre confitada y licorosa, despliegue en segundo plano de nostalgias de madera, cuero, tostados, especiados, con vainillas y almendras, centro balsámico y en el final un aire de terruño que no pasa desapercibido. Una gran añada para una referencia básica en la lista de predilectos de cualquier amante del bon vino, que califico entre muy recomendable y más que muy recomendable. Seguirá creciendo mediante una guarda responsable en botella.
Extraordinario presente. Más que prometedor futuro.

Bodegas Avancia Godello Cuveé de O 2015




Los vinos de Jorge Ordóñez y en este caso el río Sil y las influencias atlánticas con las que retozan los racimos de la casta godello de la denominación de origen Valdeorras. Añada 2015 de un vino blanco que se elabora de modo monovarietal con fruta vendimiada en parcelas de los términos municipales de Larouco y Córgomo, superficie total de poco más de nueve hectáreas de plantación sobre suelos de composición pizarrosa y cuarcita y orientación cardinal sureste. Tras la vendimia manual se procede en bodega mediante un fermentado al veinte por ciento en barricas de madera de roble francés de quinientos y seiscientos litros, usando levadura indígena, y el resto en depósitos de acero inoxidable. Maduración posterior sobre lías que se prolonga durante ocho meses en idéntica proporción de tipo de continentes, trabajando con mimo y regularidad el battonage.
Tras el descorche y primer servicio, en copa parada pincela un cromatismo amarillo pajizo brillante, con algunos reflejos verdosos suaves y acerados, abriendo la percepción olfativa con recuerdos de fruta cítrica, pera y ciruelas claudia maduras, segunda instancia en la que ganan protagonismo las evocaciones de pétalos florales blancos y amarillos, guiño balsámico de hinojo y una brisa herbal muy fina que abre paso a un epílogo de fragancia mineral, en la que surgen retornos salinos. La boca es ampulosa en cuanto al detalle de la fruta madre, sustancioso, con el paso amable y pleno de frescura, medio alto punto graso y un notable registro de envolvencia. La retronasal insiste en los recuerdos de limón en inicio de confitura, algunos tonos que memoran fruta blanca con hueso, pera, sugerentes matices de ortiga blanca, camomila, fondo balsámico y final en donde apunto evocaciones de salinidad. Tiene buen sentido de alcance y llegada.
Lo califico en esta añada 2015 como muy recomendable.

martes, 17 de enero de 2017

Luberri Familia Monje Amestoy Biga de Luberri Crianza 2013.




Es el Biga de Luberri Crianza una de esas referencias que tengo en mente cada vez que tengo que apostar por un valor seguro. No en vano es esta una de mis diez bodegas preferidas de la denominación de origen Rioja, tan solo, que no es poco, por la calidad y regularidad de sus vinos. Siempre que me pongo delante de una copa de vino elaborado por Florentino Martínez Monje sé que me dispongo a catar y degustar vinos con empaque y fruta, con esa condición que tapiza el paladar y las papilas con un manto que abriga y agrada, que llena de plena satisfacción a quienes buscamos vinos que ante todo lleguen marcados por la personalidad de la fruta que les da vida.
Los vinos de Luberri son tierra, clima, trabajo, tradición y presente, son honestos, así leí que los define su padre espiritual y creo que poco más puede añadirse.
Monovarietal de la casta tempranillo, acreditando un proceso tradicional de vinificado, con fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable bajo control de temperatura y maceración, ambas prolongadas durante diez días. Maduración en barricas de madera de roble francés y americano durante doce meses. En copa parada plantea un cromatismo apicotado limpio y brillante, con reflejos púrpura y grana, deslizando en nariz recuerdos de fruta roja y negra en sazón, especiados y algunos tostados suaves que abren paso a un centro balsámico del perfume, con redondeo de frutos secos e incipientes cueros limpios. La boca abre golosa, muy concentrada en las sensaciones gustativas del tempranillo, acidez sabrosa y bien emparejada con el paso, dando la seña de la zona alavesa de la denominación de origen Rioja. Taninos maduros y pulidos, franca nota de persistencia, ducha de fruta en el paladar. La retronasal insiste en apuntes de cerezas y ciruelas rojas, alguna fresa de mata más lejana, con vainillas finas, almendras tostadas, breve guiño de cacao y en el fondo destellos de cuero nuevo. Lo califico en esta añada 2013 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

Bodegas Juan Carlos Sancha Ad Libitum Tempranillo Blanco 2015.




Siempre es un honor acercarse a referencias de Juan Carlos Sancha, uno de esos elaboradores que gracias a sus conocimientos en ampelografía y a una indisimulada pasión por la cultura del vino, se ha ganado el respeto y el aprecio de quienes buceamos a diario en este fascinante mundo. Ad Libitum Tempranillo Blanco fue el vino blanco de Rioja que encendió la mecha de esta varietal, hoy en día bastante apreciada y con múltiples versiones en otras tantas bodegas. La mutación genética de una única cepa de tempranillo tinto que Sancha encontró en el año 1988 en Murillo de Río Leza sirvió para que él mismo en compañía de Fernando Martínez de Toda, ambos profesores de la Universidad de La Rioja, realizará un proyecto de investigación para recuperar las variedades de vid minoritarias autóctonas de la denominación de origen Rioja. Después se inició la plantación de viña de esta casta, que se remonta al año 1997 y que se realizó a una altitud media de quinientos sesenta y cinco metros sobre el nivel del mar en pleno Valle del Najerilla. Tras un proceso de vendimia manual, se procede con un despalillado y un suave prensado, continuando con un trasegado del mosto, con baja temperatura, más el inicio del fermentado alcohólico que tiene lugar en depósitos de acero inoxidable, en donde permanece durante siete meses mediando un trabajo de removido de lías.
En copa parada afirma un cromatismo amarillo pajizo brillante con algunos reflejos verdosos ligeros, deslizando en la proximidad aromática nostalgias de manzana verde, suavidad cítrica con algún guiño de confitura, flores blancas y amarillas, eje balsámico anisado, seña de identidad cremosa fruto de la influencia de las lías, punta silvestre y memorias de ortiga blanca. Finaliza su fragancia con una nota que me ha recordado a infusión de hierbas aromáticas y que a diferencia de algunas fichas de cata de este vino que he repasado no calificaría de mineral, sino más bien de herbal, matorral.
La boca es gustosa, con la fruta alzada sobre el perimetro primaveral, buena traza de acidez, untuoso y graso en el paso, con una buena nota de envolvencia y persistencia, son los tonos cítricos quienes abrazan al paladar. Frescura y estructura, llevando la retronasal hacia evocaciones de manzana, limón y pomelo, camomila, ortiga blanca, madreselva, té verde, hinojo y en el final un homenaje completo a la fruta y a las influencias cremosas, con un recuerdo a mousse de limón.
Lo califico en esta añada 2015 entre muy recomendable y más que muy recomendable.

Cosecheros Bodegas y Viñedos Secretum Leonardi Rosado 2015.




Algo pasó con los rosados de Navarra, aquellos vinos que bebían nuestros padres y abuelos, y que lanzaban bellos cromatismos rosáceos frambuesa impecables desde el interior de la copa. Jugaban aquellos rosados navarros con nuestros sentidos, enlazaban nariz y boca, con una plenitud untuosa y golosa de frutos rojos. De pronto casi desaparecieron del cartel. Hoy en día da gusto encontrarse con vinos rosados de garnacha como el presente, Secretum Leonardi, fruto del trabajo del personal de una bodega cuya fecha de fundación data del año 1913 y que me ha llegado gracias a la amabilidad de Julia Saenz Cuevas, encargada de relaciones públicas del dominio olitejo.
Pincela en copa parada un cromatismo rosa frambuesa brillante, manifiesta en la cercanía olfativa nostalgias de frutos rojos en sazón, con una brisa balsámica y otra de panificadora miga, señas florales ligeras y un final que traza una continuidad frutal basada en evocaciones de naranja.
Boca golosa y suave en el paso, con buenos destellos de frescura, cierta untuosidad, con unos sabrosos guiños cítricos y de fruta roja en sazón que abrazan el alcance del paladar. Amable en el trago, tiene en su expresión retronasal memorias de cerezas, fresas y flor de naranjo, un matiz de cremosidad muy ligero y un fondo balsámico que prolonga sus sensaciones.
Califico esta añada 2015 entre recomendable y muy recomendable.

lunes, 16 de enero de 2017

Bodegas Palacios Remondo Plácet 2013




Monovarietal de la casta viura, perla blanca de Rioja, enfocado en una selección de uvas procedentes de Finca La Montesa, paraje de Valtomelloso, con suelos calcáreos de contenido arcillo ferroso y la influencia benemérita del Monte Yerga, en la zona oriental de la denominación de origen a la que pertenece. En su proceso de vinificación se contempla una fermentación alcohólica en continentes ovalados de roble francés, con posterior maloláctica espontánea y crianza sobre lías durante diez meses en fudres ovalados de dos mil litros, madera nueva de roble francés.
En copa parada pincela un cromatismo amarillo pajizo brillante e intenso, con insinuaciones doradas. Nariz que despliega evocaciones de fruta cítrica, blanca con hueso, guiño de pulpa de membrillo y pera roja, centro de hinojo y frutos secos tostados y un epílogo de mineralidad que expresa cierta memoria de piedra húmeda.
Boca carnosa y golosa desde el arranque, sustancia buena traza de acidez, frescura y grasas señas que se conjuntan con viveza, el paladar recibe el vino y mantiene su nervio, esboza un punto de cremosidad muy sugerente. Magnífica persistencia, estructura y volumen, abriendo en la retronasal capítulos iniciales de limón, ciruelas claudia en sazón, manzana golden y pera, salpimentado y una lejana seña de confitura, almendra tostada y crema, eje balsámico de anisado retazo y en el epílogo un prolongado pulso de mineralidad con notas salinas y de sabroso amargor. Lo califico en esta añada 2013 como muy recomendable.
Vino que va de mil amores solo y en compañía de unas buenas piezas de marisco. Tuve la suerte de confirmarlo en plena cena navideña.

Bodega Cooperativa Virgen de la Asunción El Corazón de la Tierra 2012.




Vino tinto monovarietal de la casta tempranillo, aderezado con ese calificativo que tan poco me gusta y que algunos plantean como vino de autor. La bodega cooperativa de la localidad burgalesa de La Horra, cien familias con tradición vitivinícola a sus espaldas, fruta procedente de majuelos que acreditan una edad media de entre cincuenta y noventa años, medio kilo de producción por cepa y tras los procesos de fermentación tradicionales en depósitos de acero inoxidable, maduración de catorce meses en barricas de madera de roble francés.
En copa parada pincela un cromatismo apicotado intenso y oscuro, con reflejos púrpura, nariz en donde dominan los recuerdos de fruta negra madura, con señas florales y un punto balsámico pleno que precede a especiados y tostados suaves. Apunto nostalgias de pimienta y almendra, buena y equilibrada expresión de complejidad. Boca gustosa, muy en clave ducha de fruta, amplifica su frescura en el avance con algunos guiños astringentes que se exhiben sin percutir, bien integrados, aportando empaque a la expresión del vino. Taninos golosos y marcados, buena clave de persistencia, prolongado en su despliegue frutal. Retronasal que habla de moras y frambuesas, ciruelas oscuras y algunas flores violetas, regaliz, frutos secos y pimienta, finalizando con sapidez y alcance.
Lo califico en esta añada 2012 entre recomendable y muy recomendable.